miércoles, 5 de septiembre de 2007

Estado de quiebra

Foto: EFE
Miércoles, 5 de septiembre de 2007. Almunia tiene más razón que un santo...laico: no se puede prometer el oro y el moro tirando de la chequera del Estado sin pararse a pensar en las repercusiones que pueden tener a corto, a medio y a largo plazo esas inversiones para la despensa económica del país. Es algo tan elemental como proponer que los hombres deben poner un pie en el aire antes de dar un paso si tienen intención de avanzar. Por eso, llama la atención que entre el presidente, los ministros, los secretarios de organización, los asesores de Ferraz y los periodistas salmón de los medios de Prisa, nadie haya caído en la cuenta de que vender duros a peseta podía tener consecuencias negativas para la salud económica de la que Zapatero fardaba tanto en el último debate del Estado de la Nación. Pero siempre nos quedarán políticos honrados como Joaquín Almunia que en sus declaraciones del otro día quiso decir, en términos políticamente correctos, que Zapatero es un especialista en vender humo a cualquier precio y que eso es una irresponsabilidad XL.
Es como López Garrido cuando dice que no se puede valorar la marcha económica de la legislatura por lo que haya pasado en el mes de agosto. En el fondo, es intentar hacernos creer que si hay suspensos en junio no hay que ponerse tremendistas si en enero hubo sobresalientes. El portavoz del Gobierno vuelve a pensar que somos tontos. Si hay suspensos en julio y hubo sobresalientes en enero significa que el chaval ha hecho peyas durante dos trimestres, por lo memos, ¿no? Es tan evidente como suponer que si el PP quiere ganar las elecciones generales, por mucho que nos pese, tendrá que contar en sus listas con Rato y Gallardón. En este caso concreto, el fin de acabar con Zapatero justifica los medios para que Rajoy llegue a la Moncloa y ponga fin a este via crucis. Es relativismo, pero como antídoto para salvaguardar la salud mental del pueblo fiel.